miércoles, 4 de noviembre de 2015

Autos presidenciales argentinos


No están todos los que fueron
Revista Parabrisas Nro 124. Septiembre de 1988

Nuestro país tiene la vieja costumbre de no respetar cosas que fueron parte de su historia. Con los automóviles presidenciales ocurre exactamente lo mismo. La mayoría fueron rematados y, lo que es peor, ni siquiera se conoce su paradero. Presentamos entonces los vehículos oficiales que hoy posee el presidente. Del resto, prometemos investigar

Quienes integramos esta redacción tenemos un nuevo dicho: "Más dificil que sacarle fotos a los autos de Alfonsín". A partir de la idea de un lector decidimos investigar acerca de los autos presidenciales. La tarea no fue fácil; numerosos llamados telefónicos, solicitudes de permisos, idas, venidas, dimes y diretes fueron el preámbulo de una nota que resultó más complicada de lo previsto, a pesar ,de la muy buena voluntad demostrada por los funcionarios de Casa de Gobierno a los que acudimos.

Teníamos la esperanza de encontrar varios autos, floridas historias y toda suerte de documentos que aclararan un asunto sobre el que todos se creen con derecho a hablar.
¿Se dio usted cuenta de la cantidad de Cadillac que pertenecieron a Perón?. Muchos son los que esgrimen ese argumento para elevar el precio del vehículo, que no valen -ni por asomo- lo que su propietario pide. Entonces, la intención de Parabrisas fue dar a conocer la historia de los vehículos presidenciales.

Un país sin historia

Desde tiempos inmemoriales escuchamos decir que el nuestro es un país sin historia, y una vez más pudimos. comprobarlo.
A pesar de nuestros concienzudos esfuerzos no pudimos obtener ningún dato oficial al respecto. El museo de la Casa de Gobierno está cerrado por reformas... hace cinco años.
Los resultados obtenidos en el Archivo General de la Nación fueron idénticos. Nos zambullimos entre una inmensa cantidad de sobres donde había fotos de la más variada gama, pero, como el inteligente lector habrá imaginado, nada había acerca del tema que nos ocupaba.
Debíamos recurrir entonces a la buena voluntad y mejor memoria de quienes habían trabajado con los autos, para armar así aunque sea de un modo somero una historia más o menos coherente.

Como nuestros antepasados

La transmisión oral es la más vieja forma de historia, y esa fue la única manera de ordenar cronológicamente el asunto.
Nadie supo decirnos a ciencia cierta quién fue el primer presidente que utilizó automóvil. Un viejo empleado de la cochera presidencial habló de un antiguo Packard que utilizaba Marcelo Torcuato de Alvear, pero la información no es confiable ya que nadie más recuerda dicho auto.
Del primer vehículo que tenemos certeza de su existencia, es un Mercury que utilizó el presidente Ramón Castillo. En realidad, eso de que tenemos certeza es muy relativo, por razones más que evidentes.
A partir de allí, la historia es reciente y por lo tanto más conocida. Juan Domingo Perón compró los Cadillac que él mismo usó durante muchos años pero luego del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, los tres modelos fueron vendidos, ya que eran considerados una "'muestra ostentosa".
¿Quiénes son los poseedores de estos autos? Tampoco pudimos conseguir los datos oficiales. Lo cierto es que los vehículos entraron el el olvido, sin que nadie pueda afirmar hoy cuáles fueron los que utilizó el presidente.

Los que están

Perón también compró el Cadillac que aún hov se usa en la ceremonia de asunción de mando. No llegó a usarlo y el primer mandatario que lo utilizó como vehículo presidencial fue Pedro Eugenio Aramburu.
Es notable el estado en que se encuentra este vehículo que sólo tiene 16.000 kms recorridos. El interior (que fue el único que pudimos fotografiar) está tapizado en cuero y resulta curioso el equipámiento que posee, considerando que se trata de un modelo de 1955. Los elevacristales son eléctricos, como así también la capota. La radio -que es a válvulas- tiene rastreo automático de frecuencia. Un detalle curioso: aún tiene
los neumáticos originales.
El final de la nota nos depararía una sorpresa. El Cadillac "duerme" en la cochera presidencial (no en la residencia de Olivos como los otros vehículos) por lo que nos trasladamos en él desde la quinta presidencial hasta la casa de Gobierno.
Los años parecen no haber pasado para este auto: falta absoluta de ruidos -considerando la calidad de construcción no debería sorprendernos- y un andar sumamente confortable. Digno de un presidente.
Tiene un problema que una vez puso en apuros a los choferes presidenciales: la bomba de nafta. En ocasión de un desfile estaba el vehículo esperando al presidente (nos pidieron reserva con respecto al nombre) y la bomba de nafta del Cadillac tiene serios problemas cuando el motor calienta (por eso también posee una bomba eléctrica). Lo cierto es que a pocos minutos de llegar el presidente la bomba cantó el "no va más" ante la desesperación del chofer, que se dirigió a un bar ubicado a pocos metros de allí -esto ocurrió en la plaza Lorea- para pedir un balde de agua y enfriarla.
Ante la sorpresa del chofer el dueño del bar se negó a cualquier tipo de colaboración. Finalmente, mediante hábiles medios de persuasión (no conocemos exactamente el utilizado) el dueño del bar accedió al pedido, cuando el presidente estaba a escasos metros. Más de una cabeza se salvó por muy poco.
Otro de los autos que está en la residencia de Olivos -además de los archiconocidos Fairlaine y el solitario Ambassador-, es el Lincoln Continental con el que el presidente Alfonsín se traslada a la Casa Rosada.
El vehículo, que pertenecía a un Gerente General de Ford, es de un tamaño monstruoso -mide más de siete metros- pero tiene un andar sumamente confortable. Excepto el teléfono -que poseen todos los autos del presidente- no tiene mayores detalles dignos de ser destacados.
Llegamos así al más moderno y famoso de los autos presidenciales actuales: el Renault 25.
También tuvimos la posibilidad de viajar en él, y debemos reconocer que nos vimos gratamente sorprendidos. El presidente Alfonsín también valora su andar y clara muestra de ello es que en cierta ocasión decidió volver de Chascomús en el Renault en lugar de hacerlo en helicóptero, aprovechando para dormir, según nos confesaron sus allegados.
Lo más notable del R-25 es la computadora. Posee un check-panel tradicional con el agregado de una voz, que con un marcado acento español, indica el ocacional problema. Así es como se pueden escuchar frases tales como "Atención, puerta del conductor abierta" o advertencias acerca de las luces o el consumo de combustible.
La computadora actualmente está fallando en este aspecto y anuncia falta de combustible aun con el tanque lleno. Esto hizo que se la bautizara como "gallego mentiroso", entre los mecánicos y choferes.
Muchas veces las cosas no salen como uno quisiera. Nuestra intención era hacer historia y debimos conformarnos con mostrar lo poco que aún sobrevive. En Europa hay edificios en pie del siglo XVII. En los Estados Unidos, un país joven como el nuestro, se respeta a muerte todo lo que es símbolo de su historia. Algún día, ¿respetaremos también la nuestra?

Por Fernando Miranda
Fotos: Guillermo Cantón

¡QUE CARA ESTA LA NAFTA! 


En el cuerpo de nota hablamos de la sorpresa que significó para nosotros poder hacer el viaje entre la residencia de Olivos y Casa de Gobierno. Dicho periplo tuvo un curioso final, digno de ser contado. Salimos de Olivos comentando las bondades del viejo Cadillac y la cara de los azorados automovilistas que circulaban a nuestro alrededor. A la altura del Correo Central, Nicolás Magaldi (mecánico presidencial y circunstancial chofer) dio la alarma: "Nos estamos quedando sin nafta", anunció. Tres cuadras más tarde, a solo 100 metros de nuestro destino -100 metros en subida lamentablemente- el motor dejó de funcionar. Allí estábamos nosotros siendo testigos del recorte presupuestario. Nos habíamos quedado sin nafta en el auto presidencial. Increíble. Bromas al margen, agradecemos a todos aquellos que prestaron su desinteresada colaboración para la realización de esta nota.




Una curiosidad del Renault: las llantas del lado derecho quedan "al revés". Según los choferes esto produce un silbido a partir de los 120 km/h








Escudo identificatorio de los autos presidenciales


Detalle de la parrilla del Lincoln que absorbe los golpes mediante el original sistema que se aprecia en la foto



Una toma del interior del Cadillac -que por razones de seguridad- fue el único que pudimos fotografiar. El estado de conservación es estupendo



El Cadillac con capota


El Renault 25



1 comentario:

  1. Muy buena la nota es muy interesante los felicito

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